CÓMO COMENZAR A SER SOCIALMENTE RESPONSABLE

Por Guadalupe López Aguilar*

La Responsabilidad Social desde cualquier enfoque genera beneficios en nuestro entorno; en este sentido, pretendo hacer una aportación desde mi perspectiva de las características que nos hacen o no ser socialmente responsables.

Comenzando por uno mismo, independientemente de lo trillado que parezca ser esta frase, en definitiva estoy convencida de que así es: generamos acciones que pueden ser inspiración para los demás.

Entonces, día con día ¿Qué podemos hacer desde distintos roles por mejorar nuestro entorno? De forma general considero que en primer lugar es necesario hacernos conscientes de nuestras acciones e identificar las afectaciones o beneficios que éstas podrían tener en nuestra vida diaria como consumidores, por ejemplo, podemos implementar cambios de hábitos que son necesarios para disminuir la huella ecológica que estamos generando.

Desde que inicié los estudios de Responsabilidad Social me cuesta bastante trabajo lograr salir de un supermercado sin agobiarme por la cantidad de desechos y desperdicios que se acumulan.

Es difícil asimilar la enorme cantidad de basura derivada de nuestros alimentos, productos de limpieza, de belleza e higiene personal, decorativos, materiales escolares o de oficina, todos ellos con etiquetas, empaques, embalajes a causa de una guerra de marketing para diferenciar un cereal de otro, un shampoo de aguacate al de otro, de una marca distinta.

El precio de un “estatus”

Nuestra necesidad de pertenencia a algún grupo o estatus social nos ha llevado a comprar productos que podríamos encontrar en un mercado sobre ruedas en 10 pesos y que pagamos en el centro comercial a un precio exorbitante con una marca y un logotipo; es decir, estamos rodeados de productos aspiracionales.

¿Es que no somos suficientemente valiosos ya? En versada necesitamos demostrarle a los demás que valemos por las cosas materiales que compramos, por el tipo de ropa que usamos y su marca, por el teléfono móvil, etc.

He escuchado frases de personas que dicen que es preferible tener hambre, que mal vestir o no tener las cosas que creen necesitar, incluso bienes inmuebles o vehículos de alta gama. Bueno, seguramente no tienen idea de lo que es en verdad tener hambre como para atreverse a decir algo tan absurdo.

Increíble la realidad en la que vivimos, pues vamos y consumimos productos para sentirnos mejor que son fabricados (en su mayoría) bajo pocos estándares ambientales y de derechos humanos, para poder satisfacer las necesidades de millones de consumidores que solamente trabajamos para tener recursos y gastarlos en más productos que nos hagan sentir más valiosos, más atractivos, respetados, entre otras falsas cualidades.

Por supuesto que estos productos son fabricados en países con mano de obra barata y con una pésima regulación al respecto, que permiten condiciones inhumanas e incluso esclavitud, que supuestamente fue abolida o más bien “modernizada”.

Para reflexionar

Existen un par de videos disponibles en la red que francamente cambiaron mi enfoque de consumo si me permiten hacer la recomendación; uno es “La historia de las cosas”, que nos demuestra que estamos viviendo en un ciclo de consumo que nos condena al desastre y extinción de los recursos naturales, sobre todo de los países menos desarrollados. En materia de la industria textil el documental “The true cost” muestra una realidad que desconocemos del proceso de fabricación de la ropa y el impacto ambiental que esto conlleva.

Si realizamos un conteo del impacto ambiental y social de los artículos que consumimos de manera cotidiana, seguramente algunos dejaríamos de hacerlo, si bien necesitamos cubrir nuestras necesidades, también es cierto que hemos generado necesidades que en realidad no son tan necesarias.

Podemos hacer modificaciones y exigir como consumidores a las empresas que hagan empaques reciclados y reciclables, cambiar el plástico por nuevas alternativas, eliminar el uso de bolsas de plástico y popotes, revisar la composición de los productos y elegir los que tengan un mayor respeto por el medio ambiente.

Cuántas veces salimos de compras y terminamos pagando por cosas que jamás se han utilizado, prendas de un solo uso, sobre todo en el concepto de fast fashion, ya que es cada vez menor el costo de la ropa, entonces es mucho más sencillo acumular cosas que no utilizamos, cuando hay tantas personas que no pueden acceder a estas “necesidades”, son realmente necesarias, ¿Para quién? Y ¿Para qué? Los invito a hacer conciencia de las cosas que compramos, reflexionemos al respecto:

¿Realmente lo necesito?

¿Satisface una verdadera necesidad o simplemente es un capricho?

¿Cubre estándares de medio ambiente?

¿Proviene de una fuente de recursos renovables?

¿Involucra algún nivel de explotación?

¿La empresa o fabricante realiza acciones de responsabilidad social?

¿Se trata de un producto con causa?

Hay muchas más preguntas que podríamos generarnos y antes de comprar, es necesario revisar estas acciones en medida  de lo posible; no implica un cambio drástico de un día para otro, sino de la suma de actos pequeños que poco a poco contribuyan a que todos estemos mejor, finalmente todos habitamos este planeta ¿O no?

 

Guadalupe López Aguilar*, Mtra. en Responsabilidad Social Especialista en Comunicación, alumna del Mtro. Alexander Scherer Leibold, Coordinador de la Licenciatura en Gastronomíade la Universidad Anáhuac México.

Contacto: gpelopezrs@gmail.com

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