¿DE VERDAD EJERCEMOS ACCIONES DE RESPONSABILIDAD SOCIAL?

Guadalupe López Aguilar

Mtra. en Responsabilidad Social

Especialista en comunicación

gpelopezrs@gmail.com

 

Considerando que como individuos o desde las organizaciones tenemos un sentido de Responsabilidad social y las aportaciones que podemos generar a nuestro entorno con nuestras acciones, tenemos un abanico de posibilidades para lograr transformaciones y un impacto positivo.

En este sentido,  es posible implementar diversas acciones con un enfoque socialmente responsable, sin embargo ello no quiere decir que tengan verdaderamente un impacto positivo o que estemos ayudando a alguien.

Sin duda alguna la mayoría de nosotros hemos tenido acciones que creemos contribuyen al bienestar de alguien que por alguna razón se interpone en nuestra vida cotidiana, ancianos o niños vendiendo algo o pidiendo limosna en la calle, personas que llevan bebés en brazos, con alguna discapacidad física aparente, en cualquier situación de vulnerabilidad, etc.

No conozco a ninguna persona que haya sido indiferente a estas situaciones que lamentablemente vemos todos los días, sin importar la zona o la ciudad e incluso el país en donde estemos.

En una recopilación de experiencias cercanas he descubierto, desgraciadamente que no siempre dichas condiciones son auténticas, existen personas que se aprovechan de la buena voluntad y hacen del altruismo su modo de vida, su fuente principal de ingresos, seguramente bastante considerables y superiores al promedio de la mayoría de la población.

Gracias a ello, se han generado redes de secuestro, trata de blancas y demás delitos vinculados a esta forma de vida, con zonas delimitadas y manejadas como si fuesen cualquier clase de comercio y no, no lo es, se trata de comerciar con la libertad, la Integridad y el bienestar de seres humanos que no deberían bajo ninguna circunstancia depender de nadie para tener una vida digna, sin embargo con esto se genera dependencia y un ciclo que nunca terminará.

Es probable que no se trate de una estafa ni de una red en donde obliguen a los individuos a entregar cuotas, que las condiciones de vulnerabilidad sean auténticas y que las personas en verdad requieran de esos apoyos o realizar alguna venta de productos para poder cubrir sus necesidades, probablemente por un periodo corto de tiempo, sin embargo es difícil averiguarlo, se trata de un acto genuino de confianza en el prójimo, confiar en quien te pide a gritos desesperados ayuda con una simple mirada o con una sonrisa en el rostro.

Una vez que se toma la elección de confiar, entonces se brinda un poco de lo que se tiene, de lo que se ha generado con base en el esfuerzo propio y que ha sido redituado de alguna manera, considerando ser más afortunados que la otra persona, incluso aunque sea lo poco que alguien tiene lo comparte de corazón, con la esperanza de contribuir a hacer de la vida del otro algo mejor.

Los ingresos son generados por las limosnas o “donativos” que se realizan diariamente, podrían ser significativos para organizaciones que puedan garantizar el uso de los recursos que reflejen un impacto positivo a largo plazo y la continuidad de las acciones, sin embargo, lamentablemente la desconfianza de la sociedad en general en las organizaciones ha generado una disminución considerable de las donaciones.

Si bien, han existido y tristemente seguirán existiendo organizaciones constituidas, creadas con el afán de lavar dinero, desviar recursos o incluso aprovecharse de las personas en condiciones vulnerables para satisfacer las más bajas necesidades, que se han dado a conocer de manera pública, hay organizaciones que trabajan con estándares de ética y transparencia que pueden garantizar el uso adecuado de los donativos.

De acuerdo con los resultados reflejados en la Encuesta Nacional sobre Filantropía y Sociedad Civil con base en estudios de la Universidad de Johns Hopkins, en relación al apoyo brindado por los ciudadanos a las organizaciones de la sociedad civil constituidas, México ocupa el último lugar a nivel mundial, realizando donativos por sólo un .04% del PIB .

El último lugar a nivel mundial no solamente lo ocupamos en donativos, también en educación y en el Índice de Percepción de Corrupción de los 35 países que integran la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).

Desde mi perspectiva, esto no es ninguna casualidad y de alguna manera se vinculan entre sí.

Los donativos podrían entregarse a instituciones constituidas de la sociedad civil si éstas tuvieran la capacidad de no caer en la corrupción, entonces su trabajo sería significativo y sostenible, es necesario recuperar la confianza de la sociedad, no solo de las organizaciones de la sociedad civil, por supuesto de las instituciones gubernamentales, también de los organismos internacionales y por supuesto entre nosotros mismos.

Basta de engañar y de cometer abusos a los demás por obtener un beneficio propio de continuar así ni la responsabilidad social, ni la transparencia, la comunicación socialmente responsable ni tampoco los milagros harán que tengamos resultados distintos.

Confiemos en las instituciones, démosles una nueva oportunidad de hacer un cambio significativo y de generar impacto exigiendo resultados, transparencia y acceso a la información. Estas organizaciones existen por una razón, para contribuir con la sociedad, demandemos entonces esas contribuciones sin importar si somos individuos o formamos parte de alguna institución.

Sigamos con el ánimo de contribuir pese a que cada día enfrentemos dificultades, engaños que nos hagan sentir desconfianza, exijamos nuestros derechos y finalmente ayudemos a quien seamos capaces de ayudar, con el ánimo la confianza y la fe en que nuestra aportación será usada de manera positiva.

 

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