EL RITMO QUE NO SE OYE

Todos los días voy al trabajo caminando 2.5 kilómetros de ida y 2.5 kilómetros de regreso; muchas veces y aunque ya sólo escucho muy poco con uno de mis oídos, tomo mis audios y escucho música para hacer más ameno el camino.

Nunca he sido muy culto en cuestión musical, pero déjeme decirles que me gusta escuchar ritmos pegajosos, electrónicos, algo de metal y por supuesto, unas buenas salsas.

Todos estos géneros musicales tienen algo en común: el ritmo, es ese movimiento creado por la sucesión de sonidos, que dependiendo la frecuencia y su repetición, nos hacen bailar como locos desenfrenados o movernos suavemente como la brisa del mar; igualmente el ritmo puede hacernos sentir tristeza, alegría, e infinidad de sentimientos.

Por otro lado, a veces hacer fotografía es como colgarte unos audífonos en los oídos y no escuchar melodías, sino verlas a través de los ojos, como líneas, formas, sombras, texturas, en forma repetitiva y colocadas de manera armoniosa; son las resonancia de las imágenes.

Esta resonancia que no se escucha, es música para nuestros ojos; el ritmo en la fotografía es una de las partes que nos invitan a adentrarnos en los sabores y sentimientos que el autor nos quiere transmitir.

El ritmo visual es un elemento dinámico, que se relaciona con la temporalidad en la percepción de una imagen. Es una sucesión armónica de espacio ocupado, de espacio libre, de formas repetidas de una imagen.

Todo tipo de sucesión genera una trayectoria que organiza la superficie y hace que la composición se perciba como impulsos dinámicos. Estas trayectorias pueden ser horizontales, verticales, inclinadas, concurrentes a un mismo punto, etc.

El ritmo en la fotografía, son sonidos que no se escuchan escritos en el pentagrama de lo que nos rodea y en la clave que nos da la luz del sol como sua homóloga musical.

Esta regla de la composición fotografiaca que se puede dividir en estas categorías cual notas musicales:

Uniforme: Se produce cuando una figura se repite a intervalos regulares y conserva su tamaño. Cada espacio vacío marca la velocidad del ritmo, de modo que si el espacio libre es amplio, el ritmo es más lento. 

Alterno: Ocurre cuando se repite más de una figura a intervalos constantes. La utilización de varios elementos con diferentes formas, colores, o texturas y la alternancia de espacios vacíos, producen una sensación de mayor movimiento.

Decreciente y creciente: Este tipo de ritmos puede crecer o decrecer por una sucesión de tamaños, grosores, alturas o colores, produciéndose una sensación de tensión progresiva y un movimiento, que se intensifica cuando aumenta la dirección, o disminuye si se ralentiza. La combinación de ambos, es decir, la sucesión periódica de aumento de intensidad seguida de su disminución, provoca un movimiento de oscilación ondulada.

Radial y concéntrico: El ritmo radial crea un efecto de expansión, ya que los elementos surgen de un punto central que se abre hacia afuera, como si fuesen radios. El ritmo concéntrico parte, igualmente, de un punto central, dilatándose hacia el exterior. La combinación de ambos, expansión y dilatación, produce una espiral que se extiende hacia afuera, provocando un movimiento vertiginoso.

Ritmo por simetrías: La simetría produce ritmo y se puede realizar con una sola forma o con unidades visuales modulares. La simetría se puede mezclar con los diferentes tipos de ritmo. En el ritmo por simetría, tenemos una imagen en la cual si trazamos un eje imaginario, obtenemos dos mitades iguales e inversas, porque los elementos de un lado y de otro se repiten también en forma ordenada.

Como siempre les digo, las reglas se hacen para romperse y para crear nuestra forma de oír sin oír al mundo.

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