EL SILENCIOSO ALETEAR Y YO

De los 10 años que llevo practicando la fotografía, una profesión que se practica con el sentido de la vista, nunca pensé que tendría también que interpretar el silencio con ella.

Ya desde hace varios años sufro una enfermedad llamada otosclerosis, que me está dejando sordo; hace un par de años perdí mi oído derecho y actualmente apenas escucho con el izquierdo.

Nunca me imaginé como sería ver el silencio, hasta hace pocos meses cuando salí a la calle sin mi aparato auditivo (por un descuido)  y con la cámara en mano. Es verdad que estoy acostumbrado a observar mucho de lo que me rodea, pero ahora, con esta forma nueva de percibir o más bien de escuchar al mundo me puse a pensar cómo fotografiar al silencio.

Un callado vuelo

Caminando por el centro de Toluca muy temprano, vi a las palomas volando en círculos por todo el lugar; al ver esa escena, a mi mente vinieron miles y miles de fotos en parques y plazas de palomas volando.

Pero esa mañana fue diferente; no podía escuchar el aleteo de sus alas y escasamente percibía el ruido que hacen con sus  picos. Me pareció fascinante verlas volar con tal silencio en mi cabeza pasando por el ocaso del sol dibujando sus siluetas.

Más que las palomas, el vuelo y sus alas libres en el cielo casi tocando el sol, fue lo que más me llamó la atención. Decidí hacer esa típica foto de palomas, pero en verdad que se convirtió en otra cosa totalmente diferente, en una danza constante de aleteos al aire libre.

Muy dentro de mí escuchaba el revoloteo de cada una de esas aves y fue entonces que sentí cómo estaba retratando el silencio.

Ese silencio que me acompaña día a día, que se hace más presente hora con hora, pero que gracias a él, tal vez empiezo a ver las cosas de una manera muy distinta.

Aquí en esta foto-mirada tan íntima, les dejo ese resultado de retratar el silencio; espero que les guste.

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