“ENTRE SUDOR Y SANGRE”, EL ENCANTO DE LA IMPERFECCIÓN EN LA FOTO ANÁLOGA

Hace más de once años cuando empecé a aprender fotografía, nunca pensé que lo primero que haría sería aprender  fotografía analógica y que no empezaría a trabajar haciendo fotos.

Cuando asistía a la universidad también trabajaba y en ese entonces lo hacía en un rastro clandestino en Los reyes La paz, donde se fabricaba moronga; en ese lugar, la sangre y las tripas eran el mejor ingrediente.

Al mismo tiempo acudía a clases de fotografía en el CECATI 108 por el metro Refinería, donde se aprendía fotografía análoga, lo que hoy para muchos es un lujo.

La fotografía analógica de rollo o de carrete, también conocida como fotografía tradicional o química,​ es el retrónimo con el que se describe al proceso fotográfico tradicional.

Entre mi trabajo como cocedor (hombre que cuece la moronga en el caso), la universidad y la escuela de foto, me quedaba poco tiempo para hacer mis prácticas de foto y una de ellas era hacer un fotorreportaje.

Entonces, la mejor opción que tuve fue contar cómo se trabajaba en ese rastro clandestino entre el sudor y la grasa.

Lo primero que se hacía en ese lugar era enjuagar las tripas de cerdo; luego se rellenaban o embutían de sangre y un trozo de grasa, de ahí pasaba a mis manos donde las sumergía en un gran caso de agua caliente, para que se cociera la moronga y por último ésta se sumergía len agua fría para después ser pesada.

Todo era una cadena de procedimientos al igual que la fotografía análoga y el revelado en blanco y negro; todo es una serie de pasos desde el revelado, el baño de paro, el lavado, la fijación y otro baño de paro.

Es curioso que en mí, esos procesos se quedaron gracias a que la elaboración de la moronga por raro que parezca, lleva un orden específico, un tiempo de cocción y un lavado final.

Aunque muchos de mis compañeros tenían su propio estilo de hacer la moronga, los pasos tenían el mismo orden, sólo cambiaban los ingredientes, al igual que cuando usabas otros materiales de impresión.

El proceso de revelado varía conforme al procedimiento y material fotográfico que se esté utilizando; en blanco y negro por lo regular consta de siete pasos para el revelado del negativo, de cinco para el del papel en el caso de utilizar papel resina, y de ocho para papel fibra.

Hoy en día, donde lo digital es primicia, la fotografía análoga se ha convertido en un arte noble y caro, cada día más difícil de realizar, aunque no imposible.

Hoy en Fotomirada, les muestro estas fotos análogas que digitalicé para mostrárselas y fue el fotoreportaje que realicé para mi clase de foto: “Entre sudor y Sangre”.

Espero que les guste, aunque y aunque ahora me doy cuenta de que en ese trabajo de mi pasado, las fotos no están muy bien tomadas ni reveladas, pero creo que en eso radica la belleza de lo análogo: en el encanto de la imperfección.

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