HAY QUE SER MUY OBSESIVOS PARA SER BAILARÍN DE BALLET: ISAAC HERNANDÉZ

Isaac Hernández, bailarín principal del English National Ballet, compartió parte de sus conocimientos, experiencias y una que otra anécdota a más de 70 jóvenes bailarines y bailarinas que participaron en la clase magistral que impartió la tarde del 22 de agosto en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes (Cenart).

Enfundado en ropa para ensayos, pantalones pants, playera y zapatillas, el primer mexicano galardonado este 2018 con el premio más importante de la danza, el Prix Benois de la Danse, fue recibido con una larga ovación por parte de los asistentes a la actividad enmarcada dentro del festival Despertares Impulsa. Las industrias creativas en México.

El cálido recibimiento generó una gran sonrisa en el rostro del ejecutante originario de Guadalajara, Jalisco. “Estoy un poco emocionado, agradezco a los chicos que se hayan inscrito a la clase y a ustedes su presencia. He vivido muchas emociones esta semana.

“Despertares Impulsa es uno de los más grandes proyectos que he tenido en mi vida, llevo soñando el compartir con ustedes el público mexicano mis experiencias, el lograrlo me hace sentirme orgulloso y emocionado por el futuro de México. Ahora hay que dar inicio a la clase, hay que hacer lo que venimos a hacer aquí”, expresó.

De manera amable, calmado, concentrado y sin poses, Isaac Hernández impartió la clase magistral que inició con un calentamiento. Apoyándose a una de las barras de ballet portátiles colocadas en el escenario del teatro, el destacado bailarín mostró a alumnos y alumnas los ejercicios a realizar.

“Este es el calentamiento que realizo previo a una función de ballet, debe ser de manera adecuada, cada movimiento debe tener cierta conciencia y no darlo por hecho, un paso y otro tienen conexión, en todo movimiento siempre debe haber energía”.

En la clase Hernández corrigió posturas, posiciones y giros, recomendó a los jóvenes a aprender a corregirse solos. Recordó que de chico no le gustaba hacer el adagio y que casi declina bailar en una importante compañía dancística al no tener casi práctica de su izquierda.

“No me gusta el adagio, hubo una etapa en la que sí me lo brincaba, hasta que el maestro se dio cuenta, cuando lo empecé a hacer descubrí que mejoré muchísimo, por algo existe desde el principio de la historia del ballet”.

Agitado por mostrar los movimientos y hablar al mismo tiempo, Isaac Hernández comentó que hubo un tiempo en su vida que no le gustó la izquierda. “Todavía no me gusta, a veces me considero un principiante para la izquierda, razonaba que algún día me iba a tocar a hacer algo en el escenario para la izquierda, me decía, ni modo cuando me toque veré qué hago.

“Un día pensé que la ópera de París me iba a hablar para hacer Don Quijote de Rudolf Nureyev, que al final termina con varios double pirouette izquierda, y sucedió. El año pasado me hablaron para decirme que lo hiciera, pero pensé en decir que no, me había hecho muy bueno para la derecha y muy malo para la izquierda, se siente terror no saber hacerlo, decidí aceptar e intentarlo.

“Al final pude disciplinarme a mí mismo de hacer el lado izquierdo y desde entonces trato de mantener el lado izquierdo, debo cuidarlo, esas son las licencias que te permites y que no te deberías de permitir. Hay que ser muy obsesivo para ser bailarín de ballet”, aseguró.

Una de las recomendaciones que hizo el único bailarín en ser invitado en un rol principal con el Ballet Mariinsky de San Petersburgo, Rusia fue el escuchar y utilizar la música la cual dice el ritmo y la energía que hay que darle a cada paso.

“Puedes utilizar diferentes musicalidades en un mismo ejercicio, lo haces dos o tres veces después vuelves y le pones una musicalidad diferente, propónganse hacer diferentes dinámicas, eso en verdad te hace un bailarín versátil y disfrutas de descubrir diferentes cosas”.

La clase concluyó con ejercicios de giros y piruettes que, al momento de mostrarlos, Hernández recibió calurosa ovación. Finalmente el bailarín agradeció la asistencia de los jóvenes bailarines, esperando haberlos incitado a seguir trabajando duro.

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