LA EXPLOTACIÓN INFANTIL Y LA POSIBILIDAD DE UN TRABAJO DIGNO

Por: Alexander Scherer Leibold*

Posiblemente muchos de los lectores que lean este artículo enfurezcan por lo que voy a decir y lo entendiendo perfectamente, ya que tampoco estoy de acuerdo al cien por ciento con la idea del trabajo infantil, pero hay una realidad muy triste detrás de todo ello y a la cual, bajo la situación actual en la que vivimos, no le encuentro una solución a corto plazo.

Si en México todos fuéramos personas éticas, que verdaderamente nos preocupáramos por lo que pasa en nuestro mundo, podría haber una solución muy sencilla, pero por diversos intereses de otros actores, resulta ser mucho más complicada de lo que pareciera ser.

El pasado 12 de junio, fue Día Mundial contra el trabajo infantil, declarado así por la Organización de las Naciones Unidas (ONU, cuyos datos apuntan que existen cerca de 168 millones de niños que trabajan en el mundo y muchos de ellos en jornada completa. Ante ello, existe un programa para la erradicación del trabajo infantil, en dónde se establece cual es la edad mínima para que puedan trabajar los niños y jóvenes; el convenio “C138”, demarca que son los 18 años de edad en cualquier país. También se encuentra el “C182”, que es el convenio que detalla cuáles son las peores formas de trabajo infantil.

¿Sirven los convenios?

Es verdad que a lo largo y ancho del planeta, se han realizado convenios, conferencias, días internacionales sobre diversos temas, para crear una conciencia en todos nosotros y buscar un mejor mundo. Existen firmas de acuerdos entre gobiernos y empresas para erradicar todos estos problemas. Mi pregunta entonces sería; ¿De qué sirven estos convenios si nadie los respeta?

Hace algunos años un  gran maestro y mentor mío, me decía que cuando no se puede hacer el bien al cien por ciento (porque hay muchos actores que lo impiden), tratemos de hacer el menor mal posible. Pero la lucha contra el “hacer bien las cosas”, aparentemente es mucho más complicada que hacer las cosas en contra de las reglas. Pareciera ser más fácil romper las reglas que seguir aquello que está establecido por escrito y desde hace décadas.

No podemos y no debemos tratar ‘tapar el sol con un dedo’ y dejar de ver lo que está pasando en nuestro mundo. Hoy en el siglo XXI seguimos teniendo una actitud vergonzosa en el tema de la explotación infantil. Esto se lleva a cabo en una serie de países muy marcada y en una gran mayoría de empresas trasnacionales y nacionales.

Lo anterior no lo digo yo, lo dicen los medios, tanto impresos (revistas, periódicos e inclusive libros), como testimoniales en diferentes canales de comunicación, como lo pueden ser los diferentes videos que circulan en las redes sociales e inclusive la Organización Internacional de Trabajo. Hoy en día las redes sociales informan de manera inmediata lo que está sucediendo y ya no se puede ocultar tan fácilmente como se hacía en años anteriores.

Lo cierto en el fondo es que no hay ningún actor, ya sea la ONU a través de la Organización Internacional  del Trabajo, los gobiernos federales o locales, ni las mismas empresas, que muchas de ellas se jactan por su honorabilidad; que haya podido frenar la explotación infantil, especialmente claro, en aquellos países que más sufren y que no pueden ni siquiera defenderse de ello.

Pero algo muy triste en todo ello y es el hecho de que todos dicen que tienen acciones en pro de erradicar la esclavitud infantil; otros comentan que ellos no son responsables directamente, ya que sus proveedores son los que tienen esas acciones ilícitas, pero al final de cuentas todos somos culpables de ello. Incluyendo al consumidor final que paga por un producto que fue creado y trabajado por niños.

El papel del consumidor final

El consumidor final es parte de la cadena de valor de los productos fabricados por mano de obra infantil y tiene cierta responsabilidad en este tema tan delicado. Es cierto que muchos de ellos no van a estar indagando de dónde proviene cada uno de los productos que está adquiriendo y más porque si realmente se conoce todo el trasfondo que existe, posiblemente dejarían de comprar por completo esos productos.

De ello surge una pregunta para las empresas: ¿Qué pasaría si los consumidores dejaran de comprar sus productos por el tema de la explotación infantil? Lo preocupante de todo esto es que existen tratados, firma de acuerdos de NO Explotación Infantil y simple y sencillamente no se hace nada al respecto.

Invitación importante

En este artículo quiero hacer una propuesta de sensibilización a todos los involucrados para que de alguna manera u otra se trate de buscar el lado positivo de ello (si es que lo hay) y hacer un cambio en la sociedad actual. No podemos seguir haciendo tanto daño en la sociedad y hacernos de la ‘vista gorda’ como si nada pasara.

Es cierto varias empresas explotan a niños de diferentes edades, que por lo general son niños de los siete, ocho, hasta doce y trece años; y esto tristemente no creo que vaya a cambiar, mientras no haya una concientización por parte de los directivos y de los gobiernos.

Existen leyes que prohíben la explotación final, pero honestamente de qué sirven estas leyes si nadie las respeta ni les hace caso. Nadie supervisa lo que está por escrito. Y aunque no estuviera por escrito ¿A quién se le ocurre tratar de esta manera a los pobres niños? ¿Ellos qué culpa tienen de la ineficiencia operativa y administrativa de las empresas?

Por ello me quisiera enfocar en una propuesta que puede ser delicada, pero que bajo las condiciones actuales en las que nos encontramos puede ser una solución que permita que todos de alguna manera u otra tengan un crecimiento y una calidad de vida mucho más digna de la que tienen hoy en día: ¿Qué pasaría si las empresas involucradas, que cuentan con el capital suficiente para realizar un verdadero cambio toman las acciones en su control y buscan un apoyo a esos niños? No me digan que las grandes compañías que tienen utilidades anuales equivalentes a billones de euros o dólares, no pueden crear campañas en pro del cuidado de los niños y por ende de sus familias.

Una situación muy realista, es el hecho de que estos niños que viven en pobreza, en una situación muy compleja, sus padres los mandan a conseguir dinero de alguna manera y en cierto punto, ellos buscan un trabajo en dónde les paguen algo para poder llevar comida a sus casas, pero la triste realidad es que ni siquiera les pagan por ello. Estos niños no cuentan con el apoyo de nadie y no puedo entender que las empresas aun así busquen explotarlos. ¿Dónde estamos parados? ¿En qué mundo estamos, que permitimos que sucedan estas cosas?

¿Habría alguna alternativa?

Por ello me he preguntado en varias ocasiones y platicado con jóvenes y algunos empresarios, qué sucedería si estos niños que trabajan para una de estas empresas explotadoras, recibe un trato digno, en dónde se le dé una calidad de vida adecuada, un trato humano al trabajo que realizan, en dónde exista un apoyo tanto económico real, un salario digno como lo reciben los adultos y no una promesa que no se cumple. Además un apoyo en una vestimenta adecuada para poder realizar los trabajos dentro de la empresa, los alimentos necesarios para labora óptimamente, ya que requieren de un cierto nivel de proteínas, grasas o carbohidratos para poder soportar las jornadas de trabajo, que si somos humanos no permitiríamos que trabajaran más de cierto número de horas al día.

Y qué me dicen de un apoyo a la educación, a tener un nivel de estudios adecuado, en dónde los niños pueden llegar a terminar la primaria o secundaria. Qué me dicen de darles actividades ya sean manualidades, deportes o alguna diligencia que les permita disfrutar de su niñez, mientras realizan algún trabajo para la empresa.

¿Cómo podríamos ver entonces esta situación? ¿Veríamos tan mal la “explotación infantil”? Por favor, insisto y sé que los niños no deben de trabajar. Estoy en contra de que hagan ese tipo de trabajo, pero seamos realistas por favor. Los actores que tenemos hoy en día como lo son la Organización de las Naciones Unidas y la Organización Internacional de Trabajo, han realizado campañas para erradicar la explotación infantil y no han podido frenar con ello, ¿Ustedes creen que algo cambiará? Si los gobiernos siguen haciendo caso omiso ante estos problemas, ¿Consideran ustedes que algo cambiará?, o si las empresas siguen preocupadas más por incrementar sus utilidades año con año, ¿Ustedes creen que algo cambiará?

Claro que la mejor opción sería darles el empleo a los papás de estos niños, para que los pequeños puedan disfrutar de su niñez. Pero si el país o la ciudad en dónde viven no les brinda los apoyos necesarios ¿De qué sirve tener a los niños en sus casas sin hacer nada? Las personas necesitan algo de comer para poder vivir. Si viven en pobreza e inclusive muchos en extrema pobreza, se deben de hacer campañas serias para erradicar ello. Pero mientras siga habiendo intereses de unos cuantos por hacerse poderosos a costa de los demás, será casi imposible lograr un verdadero cambio.

¿Qué puede hacer la sociedad civil en contra de todo ello? Me queda claro que uno solo no puede hacer absolutamente nada. Lo van a tratar de loco cada vez que busque proponer algo diferente. Debemos de crear acciones que busquen el bienestar de todos y no de unos cuantos. Existen estudios que demuestran que erradicar la pobreza en el mundo es posible, erradicar el hambre es posible si todos fuéramos más humanos, pero tristemente sólo pensamos en nosotros mismos.

La ONU ha hecho un trabajo muy interesante documentando todo lo que ha sucedido en el mundo en los últimos años. Ha realizado un trabajo arduo y muy desgastante; los mismos gobiernos han “buscado trabajar” para encontrar una solución y las empresas hablan de un cambio, pero la realidad es totalmente diferente, y todo lo que dicen que se debe de hacer no se hace. La pregunta debería de ser: ¿Por qué no hay resultados efectivos en estas campañas?

Ya existen empresas que llevan algunos años trabajando directamente con indígenas para potencializarlos. Cuando uno revisa lo que estas compañías están haciendo y ve el potencial enorme que tienen los indígenas, uno no se explica por qué estamos viviendo una situación tan denigrante como la explotación infantil. Lo interesante es que ya algunas empresas empiezan a poner el ejemplo y quiero extender una gran felicitación para ellas, porque demuestran que cuando se quiere se puede. Es más y viéndolo desde un punto de vista mercadológico, hasta les da una imagen que les va a redituar en un mayor número de ventas, lo cual al final del día se traduce en utilidades, esas que tanto están buscando las empresas.

No debemos esperar a que otros hagan nuestro trabajo, no permitamos caer en las mismas acciones de estas grandes empresas. Demostremos que con una actitud honesta se puede llegar muy lejos. Creo que no necesitamos de leyes o un papelito para cumplir de una manera ética con la sociedad. ¿A ustedes les gustaría que sus hijos fueran explotados y que otros gozaran por ello?

Maestro Alexander Scherer Leibold*, Coordinador de la Licenciatura en Gastronomía en la Universidad Anáhuac México ascherer@anahuac.mx

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