POR QUÉ SE DICE QUE EL PODER “ENFERMA”

Por Alexander Scherer Leibold*

Para este artículo usaremos mucho la figura del puesto de un CEO y/o un directivo como un simple y sencillo referente nada más, pero todo lo mencionado aplica perfectamente a las Gerencias, Jefes de áreas o departamentos, personas responsables o encargadas de un equipo de trabajo o simple y sencillamente para los colaboradores dentro de una empresa.

Este artículo tiene como finalidad entender que para poder ser grandes “jefes o colaboradores” necesitamos ser grandes personas, seres humanos que sí nos vamos a equivocar muchas veces, pero que en ello también reconocemos cuando nos equivocamos y por lo mismo podemos aceptar perfectamente cuando se nos critica, claro siempre y cuando ésta crítica sea constructiva y no destructiva, lo cual sucede más de lo que uno pudiera pensar. Aceptar nuestros errores no es una tarea menor, pero que en caso de que se dé, el trabajo es mucho más sencillo y fácil.

La gran responsabilidad de dirigir una empresa

El ser un CEO o un directivo, implica un sinnúmero de altas responsabilidades. El simple hecho de ser “el jefe” conlleva a una gran responsabilidad, que mal manejada puede enfermar seriamente a la persona y a su familia. No nada más de saber tomar las decisiones correctas e inclusive las incorrectas, para la administración y operación de la empresa, sino también la responsabilidad social de cuidar a cada uno de sus colaboradores y familiares.

Al final del día la empresa se convierte en un segundo hogar para la gran mayoría de los trabajadores, que dependen de las decisiones que tienen los directivos, por lo tanto, las decisiones que ellos toman puede afectar o beneficiar seriamente a toda una familia.

Los altos mandos como algunos expertos les dicen, son personas “muy preparadas” generalmente, con conocimientos en diferentes áreas y por lo general con estudios, inclusive muchos de ellos a nivel internacional, que avalan dichos conocimientos.

Estos no se hacen ni se logra de la noche a la mañana, se requiere de todo un largo proceso para poder llegar a ello. Muchos años de estudio y de trabajo en las trincheras para poder aprender y entender toda la operación y administración de un negocio. Una reflexión que hizo hace algunos años un gran directivo fue: “Quien quiera ser dueño o director de una empresa, debe conocer cómo funciona a la perfección cada uno de los puestos para poder opinar sobre los procesos que se llevan a cabo”.

Claro que existen muchos otros que se sacaron la “lotería” y adquieren la empresa que era del abuelo o del papá o como dicen por dedazo obtienen el cargo. Ellos también tienen un gran merecimiento, ya que muchos de ellos sin experiencia tienen que llevar una empresa que ya opera de tiempo atrás y en dónde algunos han entendido muy bien que deben de asesorarse de expertos y otros que por su propia inexperiencia llevan al fracaso o quiebre de la empresa. En ambos casos es crucial el saber de cada una de las áreas y/o departamentos y encontrarse abiertos a que otros con más o menos experiencia puedan opinar. Siempre vamos a necesitar gente con mucha experiencia y gente con poco e inclusive con nula experiencia, para poder ver diferentes perfiles.

En la industria de la hospitalidad…

En la industria turística-gastronómica no es la excepción. Varios de los altos directivos se hicieron en el campo, aprendieron desde chiquitos en la vida real y no cuentan con los estudios necesarios para la adecuada administración y/u operación del mismo.

Es más, muchos de los hoteles o restaurantes existentes han fracasado por la falta de conocimiento en el negocio y por la falta de asesoría especializada, pensando que ellos solos podían con el negocio. Un claro ejemplo son aquellas personas que estudiaron una profesión determinada y después de algún tiempo decidieron incursionar en este campo sin la más mínima experiencia. No se puede administrar ni operar un restaurante como una tienda departamental, o un hotel como un edificio de departamentos. Cada uno tiene su propia complejidad.

Esta inexperiencia los ha llevado inclusive a llegar a tener que hipotecar la casa de la familia para salvar el negocio,  tener que endrogarse con millones de pesos o dólares, para poder pagar a todos los colaboradores y proveedores, inclusive asociarse con otras personas o en definitiva vender el negocio. Tener un negocio es una gran responsabilidad como para dejarla a la ligera. Por lo mismo las personas que toman las decisiones deben de estar preparadas para ello y contar con un equipo completo de expertos que puedan apoyar las decisiones.

La toma de decisiones es de los aspectos más complicados en una empresa, no saber al cien por ciento si las decisiones que se van a tomar van a funcionar o no, hace que exista cierta adrenalina tanto en el directivo como en el equipo de trabajo. No existen decisiones cien por ciento seguras de que funcionen éstas. Por lo mismo, se debe de contar con diferentes estrategias para poder ir probando qué funciona y qué no. pero siempre en el entendido de contar con un equipo de trabajo que en su conjunto puede aportar ideas. Todos tienen buenas ideas, nada más hay que aterrizarlas y trabajarlas para ver la viabilidad de ellas.

La importancia de tener un gran equipo

El directivo por lo general no es experto en todas las áreas, es más, posiblemente muy pocos directivos sean todólogos, por ello se encuentran rodeados de personas expertas en diferentes temas, que también hay que decirlo, tampoco son todólogos. Esto es lo padre y divertido de un equipo multidisciplinario, dónde puedes juntar a diferentes expertos que sumados al gran liderazgo del directivo pueden llevar a la empresa o al equipo de trabajo a los estándares más altos.

Es fundamental saber armar un verdadero equipo de trabajo en dónde con armonía se puede conjuntar los conocimientos de cada uno de ellos. En algunas empresas, inclusive se les conoce a estas personas como personas de confianza. Si realmente estas personas son de confianza, entonces brindémosle la importancia que se merecen y no permitamos que nuestro ego de “jefes” sea lo que rompa con ello.

No se trata de ver quién gana o vende más, quién tiene el mayor número de clientes o proveedores, quien tenga el mayor número de estudios o cursos tomados, sino el verdadero reto es ver quien tiene al mejor equipo de trabajo, ese equipo que aunque el directivo no esté, trabaje como relojito sin temor a que sus decisiones no sean aceptadas por el jefe.

El mejor negocio es aquel en dónde sin la presencia del directivo la empresa marche sin problema alguno. Si tu equipo de trabajo puede resolver todas las situaciones que se les presente sin tener la necesidad de consultar todo, el directivo tendrá el tiempo suficiente para afrontar otro tipo de retos que implican una mayor ocupación de tiempo.

¿Por qué decimos que el poder enferma? Enferma porque existen personas que ocupan cargos, sin importar el nivel, que creen que pueden tratar a los demás de una forma despectiva, cuando por un lado son nuestros compañeros de trabajo y de entrada merecen un respeto.

No les importa la forma ni los modos en los cuales se les habla o se les trata, simplemente son sus “esclavos” y deben de obedecer. En segunda “no somos nadie”, y por favor no se me mal entienda, no tenemos ningún derecho a tratar a otros de forma despectiva y mucho menos cuando son nuestros compañeros de trabajo. Todos merecemos al menos un “Buenos días” o “buenas tardes”, un: “hola cómo estás”. El saludo es lo mínimo esperado de cualquier colaborador.

Al final del día estos hechos hablan simple y sencillamente de la clase de persona que uno es. Cuando no podemos ni siquiera contestar el saludo de nuestros colegas, habla muy mal de nosotros mismos. Cuando el directivo viaja a un evento y su gente que lo acompaña lo tiene que hacer en camión, nos dice mucho sobre el perfil del directivo. Recuerden que las circunstancias pueden cambiar y en muchas ocasiones la vida da muchas vueltas y el que está arriba puede estar abajo en cualquier momento y viceversa.

Es crucial la empatía

Por su parte existen aquellos directivos que piden que se realice un trabajo, sin que ellos mismos sepan de lo que se trata, pero se atreven a criticar sin conocer del mismo. Piden que se sirva un banquete estilo francés y desconocen por completo que debe de llevar, pero si son capaces de decir que no está bien realizado. O decir que una cama está mal tendida cuando en su vida ha tendido una cama o que un platillo está mal cocinado cuando nunca se han metido a trabajar en una cocina. Existen aspectos que cuando uno no los conoce es mejor no opinar y mejor aprender de ello.

Es muy fácil criticar el trabajo de los demás, pero realmente difícil ponerse en los zapatos de los demás. Pasa del mismo modo cuando se critica el trabajo del jefe, que su trabajo es muy fácil de hacer, ojalá un día se invirtieran los papeles y se desempeñen los trabajos de los demás para poder entender lo complejo que es. De hecho en algunos restaurantes se han dado a la tarea en ciertos días a cambiar los roles, los cocineros fungen como meseros y éstos como cocineros. En realidad una situación muy divertida, el ver como se desempeñan en un puesto en el cual no son expertos. Este ejercicio que se empieza a realizar en diferentes restaurantes en primera es para crear conciencia en los demás de que no todos son aptos para hacer el trabajo de otros, que no es tan sencillo como parece y que antes de criticar si está bien o mal, primero aprendan a hacerlo.

Grandes líderes han demostrado a través de su humildad la grandeza de su persona, ejemplos existen varios, entre ellos aquellos directivos que si pueden sentarse a la misma mesa a comer que sus colaboradores, o aquellos que pueden utilizar los mismos sanitarios que su personal. O simple y sencillamente aquellos que permiten que sus colaboradores opinen de las situaciones que se presentan y les permiten inclusive tomar sus decisiones sin tener que consultarles, claro siempre bajo el esquema de que los resultados al final del día deben hablar por sí solos.

Si tenemos a personal de confianza, tenemos que brindarles esa confianza, no permitamos que el poder de un puesto nos enferme. Esas enfermedades son contagiosas y peligrosas. Cuidemos nuestras formas de decir los mensajes. Cuidemos a nuestra gente. Es cierto nadie es indispensable, pero sí  muy necesarios y difícilmente se podrá conseguir a alguien tan eficiente como quien estaba. Nuestra gente es única, no existen dos de ellos. Son superiores a los demás, porque trabajan en nuestra empresa y son los mejores. Son importantes para la empresa, sin ellos el trabajo no sería el mismo. Nuestra gente es lo mejor que podemos tener.

El respeto que transmite el líder en sus colaboradores es el mismo respeto que éstos le darán a él. Como dice Bob Marley, “el respeto de uno termina dónde comienza el respeto del otro”, o como diría Henri Frederic, “No hay respeto por los demás sin humildad de uno mismo” o una de las más usadas: “Trata a los demás como querías que te trataran a ti”.

Maestro Alexander Scherer Leibold*, Coordinador de la Licenciatura en Gastronomía, de la Universidad Anáhuac México ascherer@anahuac.mx

 

Una reflexión en “POR QUÉ SE DICE QUE EL PODER “ENFERMA””

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