SOLARES DE AGUA EN SAN CRISTÓBAL

(Fotografía: Daniel Flores Cardoso)

Un viaje verdadero es ir a San Cristóbal de Las Casas, en la región de Los Altos de Chiapas, justo en el centro del valle de Jovel; siempre quise hacerlo porque las historias de los que han vuelto de allá relataban calles y colores que hoy son reconocidos como Pueblo Mágico, pero que al recorrer, ningún título alcanza para nominar.

Decir que hay una diversidad étnica también es poco, porque cada pueblo originario que radica en aquellos solares, como las comunidades Tzotziles y Tzeltales, está repleto de universos de conocimiento y sabiduría ancestral, que aunque fueron transformados en gran medida por la invasión española, mantienen vivos muchos de sus rasgos de origen.

Por otro lado existe de ese choque cultural, evidencia en las construcciones y costumbres coloniales de los siglos XVI, XVII y XVIII, que se percibe no sólo en el valor arquitectónico y quehacer cotidiano, sino también en la esencia del lugar, que ha conservado su Centro Histórico tras los siglos.

Pero en esta ocasión no es el caso mostrar los majestuosos colores de este pueblo y su gente, sino en una imagen de una tarde lluviosa, estos trazos claroscuros en un momento en el que el agua pudo ser espejo de esta dualidad que habita en el valle chiapaneco, que es capaz de seducir a cualquiera que se deje atraer por su llamado.

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