TODOS SOMOS MIGRANTES

En los últimos días he leído comentarios muy crueles acerca de los migrantes y sobre todo de la llamada “Caravana del Migrante“; me extraña que pocos sepan que no hay casi nadie originario de una propia tierra, todos somos o fuimos nómadas.

Ya sea porque te cambiaste de colonia, estado, o incluso de una calle a otra, puedes considerarte migrante; yo no soy experto en la materia de migración, pero simplemente comento y doy mi opinión con respecto al tema.

Muchos años de mi vida viví en Ecatepec, Estado de México; luego emigré a la Ciudad de México y después a Toluca, así que sí me considero migrante.

Hace ya más de 13 años viajé en autobús a Chiapas; en el camino el conductor traía la radio prendida y en ella se escuchaban noticias de nuestros hermanos guatemaltecos tratando de cruzar la frontera mexicana. Para mí era raro escuchar esas noticias que incriminaban y satanizaban a los centroamericanos; solamente había escuchado noticias de paisanos mexicanos tratando de cruzar la frontera, donde se hablaban pestes de la Policía Migratoria de Estados Unidos.

Nunca tratamos de ver el otro lado de la moneda o peor aún de la frontera.Tampoco creo que la solución a los problemas económicos y políticos de muchas ciudades sean las caravanas migratorias, en realidad hay mucho por hacer antes de que las personas dejen de emigrar a otras partes para tener un mejor futuro.

Creo que hoy me he puesto un poco serio y no me quiero desviar mucho de lo que en esta sección me compete, que es la fotografía, pero creo que este tema se merece este tanto de seriedad.

Casa del Migrante “San Juan Diego”.

Corría el año 2012 en el mes de mayo en Tultitlán, Estado de México que es paso obligado de los migrantes que viajan a bordo de “La Bestia“, ese enorme tren de carga que además de productos, lleva en sus espaldas sueños de miles de personas que quieren alcázar un mejor futuro.

Ahí en esa parte del buen Edomex se encontraba la Casa del Migrante “San Juan Diego”, que estaba a cargo del padre Christian Alexander y respaldada por la diócesis de Cuautitlán, un pequeño alberque con literas y patio de lavar donde más de 150 centroamericanos tocaban sus puertas diariamente para recibir comida y alojamiento, aunque solo entre 50 y 70 podían ser atendidos con suerte.

La estancia para algunos era corta, para otros se alargaba hasta uno o dos meses; algunos otros, los menos, después de descansar y pensar mejor las cosas, pedían ser devueltos a sus lugares de origen. Familias enteras se podían ver en ese lugar que siempre estuvo en el ojo del huracán, por los vecinos del lugar, por las autoridades y por las malas prácticas que se realizaban ahí, según testimonios de los migrantes.

Ahí entre sus paredes mal pintadas y otras con murales religiosos, los migrantes se recostaban en literas a los pies de estampas y pósters religiosos; la verdad pensándolo bien, más que alberque parecía una prisión, donde no podían pasar con sus pertenencias y donde una reja separaba la libertad de la ”ayuda”.

Ropa y zapatos por todos lados, además de pies desnudos y llenos de callos y heridas de tanto caminar, sentados donde cupieran, tomaban sus alimentos y lavaban sus prendas, ahí en medio de ese patio mojado y lleno hasta no más poder resaltaba un espejo donde todos se miraban para no olvidar su identidad.

La casa se sostenía de donativos de instituciones sociales, además contaba con la participación de Derechos Humanos y del Instituto Nacional de Migración (INM).

La verdad no sé si tenían mas suerte lo que lograban entrar a esta casa del migrante o los que se dormían a las afueras de ella en las banquetas, algunos afirmaban que eran presa fácil para la delincuencia, los vecinos decían que ellos eran la delincuencia, muchos otros eran reclutados por bandas para delinquir y otros no tenían mas que pedir una moneda en los cruces de las calles.

Los casos más feos podían terminar en las drogas o partidos a la mitad por la bestia.

Así trascurrían los últimos día de la Casa del Migrante “San Juan Diego” ya que por esas fechas fue cerrada temporalmente y después definitivamente, se reubicó una nueva Casa del Migrante en Huehuetoca, donde, dicen algunos compañeros reporteros que no dejan pasar a los medios y que tienes unas reglas muy extrañas, aunque no me consta y es otra historia que ojalá un día se las pueda contar.

La verdad, hoy que vi de nuevo estas fotos cobraron un nuevo sentido para mi, del  cual les quisiera hablar pero mejor los invito a ver estas fotos y a que reflexionemos sobre este tema de la migración.

No olviden seguirme en Instagram como @fotocastelan compartan y comenten.

Los quiero

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